¿Queremos o no más corrupción en Colombia?

El pasado domingo 26 de agosto, un poco más de 11’620.000 colombianos votaron en una consulta popular a favor de acabar con la corrupción en el país al aplicar una serie de medidas. No obstante, de manera legal según un umbral definido por la Registraduría Nacional del Estado Civil, la cantidad de sufragios resultó insuficiente por estar por de bajo de los 12’140.342 votos.

Esto se puede leer con la manida metáfora del “vaso medio vacío” o el “vaso medio lleno”. La lectura marcada por la decepción me frustra profundamente. Aunque mi cerebro estaba pesimista por los hábitos de una cultura abstencionista, hastiada con la clase política , esperaba que esta consulta –que justamente buscaba dar una bofetada a esa clase política– arrasara con una votación masiva, histórica por encima de los 20 millones de votos.

Y pasó en las microhistorias: Muchas personas que nunca votan en las legislativas, locales y tampoco en las presidenciales, estaban ansiosos por votar esta vez pero no pudieron porque no estaba habilitada la inscripción de cédulas. Habrían podido si la hubiesen tenido inscrita de otras jornadas electorales.

Me entristece que muchos de los que podían y que se quejan en cocteles de los daños de la corrupción no se levantaron a ejercer su derecho y deber del voto. Ante eso mostramos una inviabilidad como Nación muy grande porque el Constituyente Primario (nosotros los ciudadanos) tenemos el poder si lo ejercemos, pero renunciamos a él de manera sistemática con una pereza e indiferencia enormes. No nos duele el país, no nos duele que mueran niños porque hay funcionarios y políticos que se roban los recursos para su alimentación o sus medicinas. Con el perdón de los que si salieron a votar, hoy les digo a los que no que con su indiferencia de ayer le dijeron a esa caterva de hampones que se les da luz verde para que sigan delinquiendo.

“Tenemos los gobernantes que nos merecemos” es una frase de cajón que sale todos los años a colación. Y sabemos que, tristemente, en su gran mayoría no son buenos. Es una realidad que podríamos cambiar en cada jornada electoral, pero aquí hemos decidido que vale quejarse de la corrupción pero no hacer nada para cambiarlo con elecciones conscientes e inteligentes. Ahora bien, cuando por fin la democracia nos permite un mecanismo explícito para modificar esa realidad, desistimos con una contundente ausencia en las urnas.

No obstante, los más de 11 millones y medio de votos no son insignificantes, son más que los ha tenido cualquier presidente en Colombia, y ahí viene la lectura del vaso medio lleno. Si hay tantos colombianos pidiendo lo que clamaban los 7 puntos de la Consulta Anticorrupción eso debe convertirse en un mandato popular que los ciudadanos le mandamos decir al Congreso para que construyan radiquen, discutan y aprueben proyecto de ley con el espíritu de lo que se pretende cambiar. No soy tan optimista con el tema de que los congresistas se bajen el salario, pero la verdad es el tema menos trascendental. Hay otros más estructurales donde de verdad está la corrupción.

Le corresponde a este Congreso honrar su diversidad, novedad y sentido de pertinencia histórica, darle tramite a una ley rigurosa contra la corrupción. Eso es lo que queremos los colombianos que salimos a votar.

¿Estará el Congreso a la altura de este desafío histórico?


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