La educación se prostituye cuando ve ‘clientes’ y no estudiantes

Cuando las instituciones educativas no tienen pudor para convertirse en empresas, los estudiantes son vistos como “clientes”. Aquellas que maquilan diplomas son “buen negocio”, pero una pésima lesión al desarrollo de un país que se acostumbra a coleccionar profesionales que son medidos como progreso de la Nación, pero cuyas aportaciones terminan siendo parasitarias; eso es perverso.

Así mismo, cuando el número de matrículas es el principal indicador de una universidad o de un colegio se pierde de vista su foco en la educación porque la monetización se convierte en el centro de la actividad. Cuando el estudiante quiere negociar cualquier nota que no le conviene y la institución o sus profesores ceden, asistimos a la prostitución de la educación. Por eso creo que la diferencia entre una universidad que regala sus notas para no perder “clientes” y una casa de lenocinio es la cantidad de papeleo… El caso de esta profesora, Diana Trujillo, con la Corporación Iberoamericana de la que presuntamente según ella fue despedida tras negarse a hacer un taller de recuperación a los alumnos de su clase, me retuerce todo. Les dejo el enlace a su historia para que lo lean y analicen.


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