Matías, te regalo un país en paz

2 de octubre de 2016. Faltan 19 días para que cumplas tu primer año de existencia. Hoy querido hijo, como regalo de cumpleaños anticipado, te ofrezco vivir en un país en paz. Naciste en Colombia como yo, una tierra linda que te enseñaré a amar. Desde el frío de nuestra Bogotá, hasta el intenso calor del valle del Magdalena. Querrás tanto el eje cafetero, donde hay algunas de tus raíces, hasta nuestro Caribe, nuestro pacífico y nuestros llanos. Quiero que te emociones con cada alegría que logre nuestro país, tanto como yo lo hago.

Pero también, Matías, naciste en un país violento y enfrascado en una guerra absurda. Bebés como tu nacieron en medio de explosiones y ataques armados en lugares muy lejanos de casa. Otros fueron paridos en el fondo de la selva, como el pequeño Emmanuel, hijo de Clara Rojas, quien vino a este mundo mientras su madre estaba privada de la libertad. Él, que debía nacer libre, lo hizo en un cautiverio estéril y tormentoso, que incluso dejó imborrables secuelas en su frágil cuerpo de neonato. Otros niños, como tú, hijos de guerrilleras y campesinas, fueron resultado de los peores vejámenes que puedas imaginar. Otros niños no jugaron como tú con tu ruidoso carro rojo, sino que tuvieron el trueno del fusil en sus manos desde que tuvieron razón, reclutados a la fuerza por viejos idiotas que lanzaron a la guerra a varias generaciones de inocentes colombianos. 

Mucha sangre, mucho dolor, mucho odio y mucho miedo. Y no te imaginas cuánto, mi Maty. Pero ya me conoces y sabes que me gusta hablar con refranes: "No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista". Mientras tu nacías y crecías durante tus primeros 12 meses, también dentro de nuestro país crecía una pequeña luz de esperanza. No es perfecta, incluso parecía inalcanzable. Fue una oportunidad para terminar con parte de esa guerra que ha soportado nuestro pueblo durante más de 50 años.

Esa luz era un acuerdo entre hombres y mujeres que jamás debieron pensar en matarse, pero que después de más de 250.000 muertos y 8 millones de víctimas, se sentaron a escucharse, a dialogar y a darle la salida a ese conflicto. Muchas veces quisieron esos hombres dejar de hablar y tirar todo a la basura. Pero tuvieron voluntad y determinación. Aquellos que señalábamos como malos, cansados de la guerra, entendieron que era un camino equivocado. Y aquellos que señalábamos como buenos, dejaron de ser inflexibles y se abrieron a escuchar la voz de los violentos.

Y después de negociar más de 6 años, Matías, estos hombres y estas mujeres alcanzaron un acuerdo, dejaron de disparar y se comprometieron a iniciar un nuevo camino. Aquellos que señalábamos como malos prometieron sanar las heridas, pedir perdón, reparar a las víctimas y someterse a una justicia para participar en la política junto a los millones de colombianos que nunca han tomado un arma en sus manos para intimidar a su vecino.

Luego esos hombres nos pidieron a nosotros que votáramos sobre si estamos a favor o en contra de ese acuerdo, para comenzar el camino para alcanzar una paz estable y duradera. Ese día para votar es hoy Matías y es por ti que lo haré. Le diré Sí a esa oportunidad imperfecta pero éticamente correcta y única. Todo porque tú te mereces vivir en paz. Y digo que es imperfecta porque así son las cosas de los seres humanos. Esa imperfección nos hace iguales y nos empuja a hacer las cosas cada vez mejor.

Hasta hoy 2 de octubre creíamos nosotros, quienes llegamos antes que tú, que no era posible vivir en un país en paz. Yo a los 11 años estuve retenido por aquellos malos durante horas en una carretera, junto con cientos de personas más. Cuando tenía 25 años, una explosión en Bogotá me sacó de la cama a las 5:30 de la mañana. Cuando tenía 28, fui a una zona de conflicto para hablar con madres que habían perdido a sus hijos en esta guerra. Gracias a Dios nunca me pasó nada grave, nadie de nuestra familia murió o quedó discapacitada por culpa de la violencia. Y ahora a los 31, que ya no puedo hacer nada por ese pasado ya lejano, lo único que puedo pensar es en tu futuro.


Por eso pienso en el día de mañana, un 3 de octubre de 2016 en esta Colombia que decidió cambiar. Tú, Matías, serás hijo de una generación sin conflicto armado y ese será el primer día del resto de su vida para los colombianos del futuro. Pero mi trabajo no estará hecho contigo sólo por decir Sí a esa nueva oportunidad. Mi compromiso contigo va más allá: debo enseñarte el amor por la vida y su impagable valor, el respeto por el otro sin importar de qué color sea su piel, cuál sea su pensamiento o cuál su preferencia sexual. Debo enseñarte a disentir sin violencia, a ser justo, a entender que nuestra vida no sería posible sin el otro y por eso es necesario ser solidario. Debo enseñarte a ser correcto, honrado y decente. Debo enseñarte a perdonar y a ofrecer perdón. Debo enseñarte que la gente es maravillosa y puedes confiar en ella y ser digno de confianza. Te enseñaré que todos somos iguales en la diversidad y eso es sagrado.

También Matías debes aprender a cuidar el planeta en el que vives. A ser consciente de que cada acción que emprendas tendrá efectos en todo lo que te rodea. Para tu felicidad también te enseñaré que jamás debes esperar nada de nadie pero que todo lo que quieran darte, debes recibirlo con amor y agradecimiento. Porque decir gracias es gratis pero muy valioso. Debes aprender a amar el conocimiento, a ser crítico, a expresar tus ideas y hacerlas valer sin agredir a nadie por ello. Quiero que ames el arte y el deporte porque en ellos está lo más puro del espíritu humano. Decir Sí a esa oportunidad no sería nada sin darte una vida para que la aprendas a vivir, así, en paz.

Y si es lo que quieres, Maty, es tener tus hijos, también será tu compromiso llevarlos por el camino que recorreré y construiré contigo para tí y para ellos. Y como nada tenemos, todo lo haremos. Este será el primer paso en éste, el pálido punto azul, el único hogar que jamás conocimos. 


Con amor, tu padre.

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