¡Chao Petro!

Esta es mi carta de despedida para el alcalde Gustavo Petro:

Gustavo, antes que todo, feliz año.
Igual somos colombianos, quienes a pesar de las diferencias, no se deben negar un saludo. Así sea una despedida. Para que jamás regreses.

Hace cuatro años guardaba una expectativa: que fueras tú, Gustavo, la demostración de que los opositores, cuando llegan al gobierno pueden superar lo que tanto critican. Pero no superaste mis expectativas. Te convertiste en lo mismo que tanto criticaste: un líder polarizador, que desconoció al otro, que desintegró aún más la ya segregada Bogotá, todo con el poder de tu soberbia. Al punto Gustavo, que ya no diferenció entre petrismo y uribismo. Al final, los extremos se unen.

Nunca voté ni votaré por ti, pero guardaba respeto por tus acciones como Senador cuando revelaste la llamada "para-política". Pero ahora, después de tu lamentable paso por la Alcaldía de Bogotá, ese respeto se convirtió en repudio. Acuñaste aquello de la "Bogotá Humana", que creo, ha sido el mayor de tus aciertos: esta ciudad ha tenido en su gobierno las mismas inseguridades, temores, errores, incertidumbres y desaciertos que cualquier ser humano. Y ego, mucho ego. Te creíste el refundador de la capital. Algún concejal dijo que padecías de un cierto síndrome de Jiménez de Quesada. Y que ironía: aquellos que combatiste desde las curules del Congreso, también querían refundar a Colombia.

Una Bogotá Humana y dramática, o ¿cómo olvidar esos discursos a grito herido desde el balcón de la Alcaldía cuando en una decisión legal las instituciones de Colombia decidieron destituirte por haber mal gobernado un nuevo esquema de basuras, que nos dejó nadando en desperdicios en diciembre de 2012? Tu, Gustavo, tan progresista y demócrata como te dices, usaste todos los mecanismos posibles para eludir tus responsabilidades. Un político con todas las letras.

Como tus correligionarios del socialismo del siglo XXI creaste un "relato", una versión de la propia realidad para endulzar los oídos de tus áulicos y esbirros y enloquecer a las masas. Para ello echaste mano de las redes sociales, donde hordas de tus progresistas digitales, defendían con trino afilado cada una de tus decisiones, y en las que tú mismo con dramatismo, silenciaste y bloqueaste por tener un relato diferente. Quizás por querer mostrarte la realidad. Pero no. Hiciste de Canal Capital una mala copia de Telesur, una señal de alabanza para tus obras, y dijiste que promoverías los medios comunitarios en los que despilfarraste un buen dinero para poder publicar los comunicados de prensa de la administración, una oda a tus pírricos logros. Y cómo no: te enfrascaste en peleas abiertas con los periodistas críticos a tu gestión.

La controversia por el Plan de Ordenamiento Territorial, el desastre de las basuras, la farsa de la máquina "tapahuecos" y las licencias de construcción en la Conejera, fueron Gustavo, algunos de los escándalos en los que jamás asumiste tu responsabilidad y siempre culpaste a los medios. Aunque no creo que hayas cometido peculado, si nos robaste algo que no se recupera: el tiempo. Y me da tristeza porque crecí en una ciudad que había comenzado a darnos orgullo. La cultura ciudadana y el desarrollo urbano de las dos alcaldías de Mockus y Peñalosa habían materializado aquel rótulo de la "Atenas suramericana". Lo que nos dejas Gustavo es "la-tenaz suramericana".

¿Qué si dejas algo bueno, Gustavo? Yo creo que si. El mínimo vital de agua, los programas de cobertura en salud y la prohibición en el porte de armas de fuego, que redujo los homicidios en la ciudad a mínimos históricos. Cosas positivas, pero que siempre adornaste con tu soberbia. Pero también golpeaste a las minorías. Y me refiero a los taurinos. Así expresaste la mayor de tus contradicciones: devolviste a los ambientalistas el favor de apoyarte en las urnas cerrando la Plaza de Toros, aunque como Senador diste tu voto positivo al Reglamento Nacional Taurino. Luego la Justicia favoreció a las minorías y quisiste llevar este tema a la arena que más te favorece: la de las urnas. En tu única victoria en el Concejo, lograste que el cabildo aprobara la consulta popular para que los ciudadanos decidan si quieren acoger festejos taurinos en la ciudad. Pero lo poco de justicia que queda en este país defendió a las minorías. Esa minoría taurina, integrada por gente muy humilde que vive del toro, tuvo que hacer una huelga de hambre para ser escuchada.

Y ahora que te vas, ya comienzas a poner el espejo retrovisor, defendiendo el poco legado de tu administración contenido en unos folders y en unas imágenes digitales. Los estudios del metro, sobre los cuáles, el nuevo alcalde pretende hacer modificaciones que le ahorrarían a la ciudad miles de millones de pesos. Pero de nuevo Gustavo, tu soberbia, puede más y sin estar herido ya respiras por el boquete. Solo quiero pedirte que, ya que hiciste tan poco, por lo menos dejes hacer. Y fíjate, aquí tienes una nueva coincidencia con tu adversario político Álvaro Uribe.

Pero mi ruego será en vano. Tu y yo sabemos Gustavo que eres un hombre aguerrido, terco y persistente. Encarcelado como guerrillero, no cediste ante las torturas y eso refleja tu talante. Estas hablando ya de la "Colombia Humana", algo que hoy parece improbable, pues tu capital político quedó en cero: tus candidatos a sucederte resultaron hundidos y en las elecciones pasadas más de 2 millones de personas votaron contra lo que tu representas. Pero eres político y sé que volverás. Ojalá no te aproveches de la falta de memoria de nosotros los votantes. ¡Chao Petro!

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