Vías para el desarrollo

[Columna publicada originalmente en Vanguardia el 17 de abril de 2019]

Colombia decidió, muy torpemente, matar al ferrocarril. Así las cosas, a sabiendas de que el Estado renunció a usar el medio más eficiente para el transporte de carga, lo mínimo que uno esperaría es que entonces el país desarrollara un transporte en camiones que supliera el vacío del tren.

No obstante, eso no ha ocurrido. En Santander, según cifras de Invías, solo tenemos un kilómetro calificado como “muy bueno” de los 750,61 kilómetros de vías nacionales que surcan el departamento y de los 7.019 kilómetros de todo el país.

Pero si eso ya es triste, imagínese que dentro de esos kilómetros no está el verdadero drama: Las vías secundarias y terciarias, las que deberían comunicar el campo adentro con el resto del país.

Cuando uno oye a las nuestros campesinos, el mensaje casi unánime es la necesidad de contar con vías de acceso desde el campo a las cabeceras municipales, y de éstas, a las vías nacionales.

Es obvio: Sin vías es imposible –con excepción del software y de otros bienes y servicios de la economía digital– que los productos en los que Santander tiene vocación lleguen a mercados internacionales. Sin vías difícilmente podrán abrirse camino la dotación hospitalaria, aceites y grasas, proteínas, frutas frescas, derivados del café y de la panela; servicios de salud para la exportación, materiales de construcción, aparatos eléctricos…

Con mejores vías, nuestros campesinos crearán más empresas de asociatividad cooperativa para estar presentes desde las unidades productivas, pasando por centros de acopio y plazas de mercado, hasta el desarrollo y uso de plataformas digitales para que los productos puedan llegar directo a la mesa en cada hogar, en una lógica de comercio justo al evitar intermediaciones que usufructan todo ese esfuerzo.

Ahora bien, en Santander es indispensable pensar otros elementos como las cadenas de frío para que productos como los cárnicos y los lácteos tengan el debido tratamiento y puedan llegar, ojalá, a plantas procesadoras en las cabeceras de provincia y desde allí se fabriquen y distribuyan subproductos no solo a otras ciudades del país, sino a países vecinos.

Sin vías hechas se estimulan las ‘vías de hecho’.


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